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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 19 /2 / 2017. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: El Dios de los borrachos.

 

En mis artículos he tratado de hacer un análisis nada complaciente, un intento de explicar nuestros fracasos a la par que señalar la causa por la que hay que tener fe en Venezuela.

Como he vivido de cerca la historia de nuestro país, encuentro razones para mirar el futuro con “optimismo”. He tratado de hacer una psicohistoria, una psicosociología, una interpretación de nuestro país.

Es notoriamente más fácil escribir sobre cosas y pueblos que realmente uno no conozca bien, porque se tienen menos dudas. En cambio, escribir sobre mi propio país ha sido siempre una angustia.

En mi ansiedad de corregir prejuicios, ¿habré sido exagerado demoliendo nociones sanas y duraderas? “No se preocupen tanto, porque a Venezuela la protege el Dios de los borrachos” les dijo el doctor Gustavo Herrera, por allá en 1943, a Andrés Germán Otero y a Enrique Tejera París. “¿Ustedes no han visto cuando un campesino se cae de borracho, los amigos lo montan en el caballo y el caballo al paso se va a la casa, en medio de una tormenta, bordeando barrancos; si el borracho, con algún deslizarse de la bestia, se despertara; y viendo el barranco se asustara, del susto rodarían por el barranco, pero como Dios protegió al borracho, no dejó que se despertara y entonces llegó sano y salvo a su casa”.

Ni nuestros defectos y desvaríos son únicos en el mundo, ni la protección divina es exclusiva: Hace poco más de cien años Lord James Bryce, notable embajador de Gran Bretaña en Washington y autor, entre otra obras, de “The American Commonwealth” escribió: “La Providencia tiene bajo cuidado especial a los niños, a los idiotas y a los Estados Unidos de América”.

El título de este artículo no es burla o irreverencia, sino que se ajusta a las circunstancias que vive Venezuela, que esperamos que tenga arreglo, pues la salud política es tan variable y susceptible como la de sus componentes los seres humanos. Remedios y curaciones también se los aplican a las naciones, incluso “brujerías”, con la ventaja de que las naciones casi nunca fallecen.

En el peor de los casos les queda una salud residual, y siempre hay esperanza de que revivan “en su antiguo esplendor”. Los pronósticos sobre Venezuela son preocupantes pues la economía social, como la economía humana, se resiente de un mal régimen. La primera regla de los tratamientos: “Primo non nocere”, lo primero, no dañar, como lo definió Hipócrates. Estamos ya en una pendiente que se va acentuando, “por ahora” insensiblemente, pero que dentro de unas décadas podrá ser de aguda sorpresa.

No es que el petróleo se va a acabar, sino que su efecto seguirá embotándose si no compensamos las efectos de la demografía, de la dejadez y del aventurerismo. “La Edad de Piedra no desapareció por falta de piedras”. Allí es que tendrá que intervenir una vez más, antes que nos agotemos, el Dios de los borrachos invocado por nuestro pensador Gustavo Herrera, la misma Providencia que Lord Bryce atribuía a otros estados de América.

En Venezuela perviven genes capaces de recuperar la solidaridad y el impulso cívico, los genes para afianzar la independencia y la democracia. Necesitamos “predicar” la importancia de pensar a largo plazo.

04145541014 delucabartolomeo@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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