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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 29 /1 / 2017. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: El Destino Nacional.

 

Una de las características más debilitantes de nuestra práctica nacional ha sido por costumbre reiterada en el tiempo, la de ver los distintos temas y problemas del país en forma fragmentaria. Venezuela avanzará de veras cuando todos empujemos el carro.

Esto, desde luego, no ha sido espontáneo ni inocente. Desde el inicio de la trayectoria republicana que se inició con la independencia, los liderazgos del país se fueron encerrando cada vez más en sus propios intereses, dejando de lado, con apatía culpable, la suerte del destino nacional.

No es de extrañar, entonces, que vengamos de tumbo en tumbo, a merced de los vaivenes del egoísmo y la inoperancia. Debido, sin duda, a nuestras fallas de aprendizaje histórico (y esto es sólo una hipótesis), los venezolanos nunca hemos sabido actuar en común, con la armonía y la constancia necesarias para garantizar que las cosas nos vayan saliendo bien a todos, cada quien en su respectiva esfera.

Es fundamental, entonces, replantearnos la conducta cívica, no como un ejercicio escolar ni como un discurso político demagógico, sino como un dinamismo que nos haga identificarnos con lo que realmente somos: una sociedad en vías de ser sujeto histórico, con suficiente conciencia de sí mismo. Sin que esto se dé, todas las otras cosas se quedan en el aire.

Hay en el ambiente nacional una tendencia obsesiva a ver el escenario de los problemas sociales como un ring de boxeo, en que hay que “entrarse a golpes” para ver quién recibe el knock-out eliminatorio. Errada y destructiva percepción social, que distorsiona constantemente la realidad. Nuestros políticos, de derechas y de izquierdas, no dan ninguna señal creíble de que están dispuestos a entender las señales de los tiempos en clave democratizadora. 

Y tal actitud, reiterada hasta el absurdo, no sólo dificulta artificiosamente las eventuales soluciones, sino que agudiza la inseguridad que ya ha tomado posesión del ambiente, en el que se mueve como “Pedro por su casa”. Puestas así las cosas, no hay por donde perderse: la labor de base consiste en crear condiciones de sociabilidad y de gobernabilidad que posibiliten una atmósfera proclive al consenso y la concertación.

La sociabilidad política y la gobernabilidad pública son elementos absolutamente indispensables para promover energías interactivas. Los políticos tienen (Deber ser) que coexistir pacíficamente, sin tener que renunciar a ninguna de sus diferencias. Los gobernantes, en los distintos niveles de sus funciones, tienen que asumir en pleno su condición de representantes, es decir, de encargados de desempeñar la función que se les encarga.

Ni más ni menos que eso. Esperamos que las convulsiones emocionales que provoca la conflictividad social queden a un lado para que pase la refriega y los resultados de la “voluntad popular” salgan de las urnas. Dentro de la dinámica democrática sana, no hay que dramatizar (conducta histriónica) ni las victorias ni las derrotas coyunturales, sino hacer todo lo necesario para que en cualquier caso las cosas se vayan manejando bien, en función del progreso cierto, compartido y sostenible. Al final de cuentas, la suerte la corremos todos, aunque sea de distintas maneras.

En definitiva, lo que le conviene al “proceso” y al país es que la próxima Administración funcione dentro de un concepto de estabilidad que sea acorde con las exigencias evolutivas del momento histórico. Ya está claro, y debería estarlo más allá de los corazoncitos y las corazonadas de cada quien, que es hora de realismo y no de extravagancia (megalomanía).

Nadie, independientemente de la suma de poder que pueda reunir, es capaz de apoderarse del fenómeno real. Tanto la revolución como la involución están fuera del juego, le duela a quien le doliere. Y este hecho es, precisamente, lo que más confianza debería aportarle al presente y al futuro. Ya no es tiempo para perder el tiempo. Y esto que parece un juego de palabras, es la verdad “monda y lironda”.

Hay que ponerse a trabajar de inmediato, sin prejuicios ni anticuerpos, para que la realidad no nos deje cada vez más atrás. Es un tema de competitividad histórica, que es mucho más que competitividad electoral.
04145541014 delucabartolomeo@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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