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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 22 / 5 / 2017. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Dolorosos acontecimientos en Venezuela.

 

Vale la pena recoger algunas ideas sobre los recientes dolorosos acontecimientos sucedidos en nuestro país.

Creíamos que un venezolano no mataba a otro venezolano en protestas políticas, salvo lo de las guerras después de la Independencia.

Ya perdimos la inocencia en ese sentido. Ahora tenemos que reforzar el entendimiento, la tolerancia y la buena voluntad entre todos.

Y ojalá que la paz se reconstruya total y definitivamente a plenitud para bienestar de la población.

La comunidad internacional ha quedado sorprendida ante semejante bajeza moral. Esta vez se demostró que debido a las fuertes tensiones y la diversidad de opiniones en Venezuela por la modalidad del frustrado proceso de diálogo, a la ceguera y la irresponsabilidad de las partes en conflicto, la crueldad y el atropello, la beligerancia y el “eventual” asesinato de manifestantes se convirtieron en la cruda realidad del país.

De este craso error debe sacarse una lección para invitar a la juventud, y a muchísimas personas, a desterrar la apatía y levantar su voz de solidaridad y preocupación por la paz y el entendimiento entre los venezolanos.

Para que este proceso no continúe fraccionando la sociedad venezolana, es necesario atemperar el lenguaje, bajar el tono de la contienda política, mitigar la agresividad entre las partes y obtener el concurso de los MC para que no exageren las diferencias.

Esto permitirá que la búsqueda de la paz y la reconciliación, factores comunes de nuestra sociedad, sean vislumbrados claramente y determine el curso futuro de la nación.

La prioridad fundamental de Venezuela es su seguridad, la tranquilidad indispensable que debe regir en sus calles y ciudades.

Una de las maneras de juzgar la paz es si ésta produce mayor seguridad, porque no puede haber paz que no esté acompañada de tranquilidad para la población. Los venezolanos se hacen aún más preguntas en estos momentos de adversidad; cuanto más terrible es la situación, más profundas son las preguntas.

Ahora bien, irónicamente, las respuestas que buscamos con mayor urgencia son a veces las más difíciles de hallar.

En Venezuela existe un enfrentamiento cotidiano con el prójimo. ¿Nos guía la razón o la pasión?  ¿Es necesario este Malestar Social? ¿No podemos, “simplemente”, llevarnos bien? ¿Es posible ganar la “guerra urbana” entre Gobierno y oposición? ¿Quién manda aquí “ellos” o “nosotros”?

Entre otras, estas son las grandes preguntas, fruto de las cuestiones fundamentales, a las que oigo que el venezolano se enfrenta. Si la ideología dominante define el país como el “paraíso”, obviamente cualquiera que se oponga a vivir en el paraíso está “disociado”, está “loco”.

Esto resulta bastante lógico, pero cuando todo un colectivo llama infierno o purgatorio al paraíso todos los días, dicha lógica se va al traste.

Es un hecho igualmente claro que cabe abusar de la ideología dominante como medio de control social y político.

Ahora bien, si dicha ideología se revela como falsa, por fortuna, su capacidad para ejercer control social y político es efímera. No me considero un “relativista moral”. 

Creo que las personas deben ser libres de creer y rendir culto a sus ideologías a su manera, pero dicha libertad jamás debería conllevar el derecho a hacer daño o matar al prójimo, en una manifestación, por el hecho de pensar de otra manera.

Por consiguiente, tolero todas las creencias (ideologías) políticas de los demás siempre y cuando éstas no sean intolerantes.

Mi condena a la violencia en las protestas tiene que ver con el daño premeditado, que siempre aumenta y nunca disminuyen el sufrimiento de las víctimas y sus familiares.

Por consiguiente, a mi entender, se trata de algo malo. Y eso no es relativismo. En todo caso, el daño contra la vida y la violencia en las protestas se provoca de forma activa a una víctima desprevenida que no tiene la posibilidad de aceptar o rechazar el acto, y que no lo aprueba.

Es decir, las víctimas de los daños de una protesta política no intentan sufrirlos. Aquí planteo la idea de que el principal objetivo del Gobierno, ante una manifestación de protesta, debería ser evitar que los ciudadanos se hagan daño los unos a los otros.

Esto, según mi opinión, es la única justificación que tiene el Estado para refrenar a los ciudadanos. Se conoce como “el principio del daño”. Parafraseando a Platón, y cambiando algo, se podría decir que todo sistema social, todo sistema de gobierno que no consigue guiar a sus ciudadanos al exterior de la Caverna debe reformarse o enfrentarse al fracaso. Por mi parte, eso es lo que intento hacer con estas angustiadas palabras (0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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