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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 14 / 3 / 2017. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Día internacional de la mujer 2017.

 

Hace algún tiempo, en Francia, grabaron para una escritora y filósofa la siguiente divisa: Un soplo me agita y nada me quebranta.


Es el elogio más bello que se ha hecho a un espíritu femenino. Significa las cualidades más exquisitas de la sensibilidad, armonizadas en una dualidad ideal de delicadeza y de fuerza: es la dulzura sin debilidad; la firmeza sin acritud; ternura y altivez, rectitud y generosidad; el amor risueño y hondo, y el pensamiento ágil y firme.

Encantador ese elogio por la sugerencia lírica, lo es más todavía porque tiene el acento de una deliciosa verdad, descubierta con perspicaz delectación de los actos cotidianos de la mujer.

Imagino también otras situaciones menos agradables, el aspecto inquietante de la mujer, pero que con un solo ademán ella sabe restablecer el orden; y la desbordada tormenta se sosiega.

Es una de las transiciones más encantadoras de que dispone la coquetería femenina: soliviantar y reducir de nuevo, en el espacio de breves instantes el turbulento mundo de sentimientos que siempre la rodea. Un soplo la conmueve y nada la quebranta.

Parece un grito de incontenible admiración. Parece reconstruirnos, todavía viviente, la armoniosa compenetración de hombre y mujer que le dio origen.

Podríamos renovar con la imaginación los mil pormenores llenos de exquisitas revelaciones, que precedieron al lírico homenaje.

Todo la conmueve: se agita con el más mínimo roce de una caricia. Sin embargo, también es valerosa en el dolor y paciente en la espera y animosa ante la duda y constante en el querer.

Su espíritu es amplio como la sombra acogedora de los grandes árboles. Tiene todas las gracias que nacen del amor y todas las virtudes que se derivan de la fortaleza. Es risueña, compasiva, orgullosa y afable, previsiva y entusiasta, indómita y tierna. Es como en hermoso roble: un soplo la agita y nada la quebranta.

Nos interesa, sobre todo, porque no se dirige solamente a una mujer perdida en el tiempo, sino al tipo mismo de la mujer, de la compañera. No es tan sólo el más bello de los madrigales, ni brote de una realidad excepcional de que puede disfrutar un hombre. Es un penetrante atisbo del carácter femenino en lo que éste tiene de misterioso y más atractivo para el hombre: esa mezcla de emotividad y de energía, de impresionabilidad y de valor moral, que eleva a la mujer, reducida aparentemente a objeto de placer o de vanidad, hasta el rango de camarada insustituible, que el hombre le reconoce en la madre, en la hermana, en la hija, en la novia y en la esposa.

¿Por qué la mujer, que con tanta unanimidad consideramos “blanda” y vana nos sorprende tan a menudo con su entereza? ¿De dónde nace esa fuerza con que ella guarda sin esfuerzo visible el equilibrio de su propio espíritu? ¿Por qué la mujer puede llegar a dominar el vaivén de sus sentimientos con mayor eficacia que el varón, adiestrado contra la “anarquía” de la vida afectiva por el culto orgulloso de la inteligencia y de la voluntad?   Porque la mujer, en contacto diario con los sentimientos, se ha convertido en una sagaz domadora.

Nos identificamos con el hombre de ávida sensibilidad que se complace en ir descubriendo, a través de los pequeños hechos cotidianos, que para los otros son inexpresivos, el alma incomparable que el destino ha puesto a su lado.

Hoy nuestras fierecillas interiores respetan menos la fuerza del hombre que la destreza de la mujer. La mujer no teme sus emociones ni se avergüenza de ellas; por eso ha conservado la frescura de su sensibilidad sin perder su dominio y puede ser a la vez impresionable y valerosa.

Como comenta íntimamente el madrigal antes de haberlo expresado: Todo la conmueve; hace un momento reía y era de jurarse que no podía existir mejor expresión de su espíritu ni gracia más apropiada para su rostro que esas de la burla inextinguible y la despreocupación del regocijo.

De pronto, quizá por la sola noticia del dolor ajeno, queda en suspenso, el ceño levemente recogido, los ojos graves, el espíritu replegado y trémulo.

En el intervalo de pocos instantes ha cambiado totalmente, y sin embargo, el cambio nada altera de su veracidad íntima: es el mismo espíritu y la  misma gracia: nada la quebranta. 04145541014 delucabartolomeo@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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