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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela· Psicólogía al día

   
   
 

LatinPress. 8 /12 / 2015. Venezuela.

   

Psicología al día: Contar votos.

 

Si votar sirviera para cambiar algo, ya estaría prohibido. (Eduardo Galeano).

Sea cual sea la opinión que uno tenga sobre el asunto, vemos la pasividad de las poblaciones con respecto a sus dirigentes como un vicio primero adquirido y posteriormente heredado, una obstinada voluntad de ser gobernado que llega a estar tan arraigada que incluso el amor a la libertad no parece del todo natural.


Es increíble ver cómo la población, una vez que ha sido sometida, cae de repente en un olvido tan profundo de su independencia anterior que le llega a ser imposible despertarse y recuperarla; de hecho, se apresta a servir tanto sin que la inciten, tan libremente, que, al verlo, uno diría que no ha perdido su libertad sino ganado su servidumbre.

Quizá sea cierto, de entrada, que uno sirve porque ha de hacerlo, porque le obligan a ello, pero quienes vienen después sirven sin que les pese, y por su propia voluntad hacen lo que sus predecesores hicieron bajo coacción.

Resulta así que los hombres, nacidos bajo el yugo, criados en servidumbre, se contentan con vivir como nacieron, adoptando como su estado natural las condiciones bajo las que nacieron.

Las alternativas no son la plácida servidumbre por un lado y la rebelión contra la servidumbre por el otro.

Existe una tercera vía, elegida por millares y millones de personas todos los días. Es la vía del quietismo, de la oscuridad voluntaria, de la emigración interior.

Viene al caso recordar que cuanto menores sean las diferencias fundamentales entre los dos partidos principales, tanto más implacable es su mutuo odio. Así, en nuestro país, es ingenuo pensar que los dirigentes democráticamente elegidos serán los más adecuados.

El voto no es una fórmula para identificar al mejor gobernante, es una fórmula para conferir legitimidad a unos u otros y prevenir así el conflicto civil. El electorado, el demos, cree que su tarea consiste en elegir a los mejores hombres, pero lo cierto es que se trata de una tarea mucho más sencilla: la de ungir a unos hombres, vox populi vox dei, no importa a quién (La ilusión de las alternativas).

En este sentido, contar votos, puede parecer un medio para averiguar cuál es la verdadera, es decir, la más ruidosa, vox populi; pero el poder de la fórmula de contar votos radica en el hecho de que es objetiva, sin ambigüedad, y está fuera del campo de la discusión política.

Lanzar una moneda al aire sería igualmente objetivo, carente de ambigüedad, indiscutible, y, en consecuencia, igualmente podría afirmarse, como se ha afirmado, que representa la vox dei.

Nosotros no elegimos a nuestros dirigentes lanzando una moneda al aire. Lanzar monedas se asocia con la actividad de juego, de baja categoría, pero ¿quién se atrevería a afirmar que el mundo estaría en peor estado de lo que está si sus dirigentes hubieran sido elegidos desde el comienzo por el método de la moneda? 04145541014   delucabartolomeo@gmail.com  Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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