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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela.

   
   
 

LatinPress. 16 / 9 / 2018. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Atesora la amistad

 

Bolívar fue apasionado cultor de la amistad, como lo fueron Platón, Aristóteles, Cicerón, Montaigne.

Escribiendo al Coronel Leandro Palacios, le dice: “Di a todos mis amigos que soy siempre el mismo. Diles que la amistad tiene en mi corazón un templo y un tribunal, a los cuales consagro mis deberes, mis sentimientos, mis afectos.

Por último, diles que la amistad es mi pasión” (Angostura, 1817). Bolívar poseía el secreto para hacer y conservar amistades. Su genio, su brillantez, su magnetismo, su simpatía asombraban y arrastraban.

Poseía la virtud de transformar enemigos en amigos. Mariño, Bermúdez, Montilla y otros terminaron reconociéndole y rindiéndole culto. Cultivaba la amistad, sobre todo, mediante la correspondencia, que es lo mejor de su pluma.  Dedicaba todos los días a fortalecer la amistad.

La amistad es una relación personal. En eso estriba su esencia y su valor. La amistad en su forma más elevada es siempre una relación entre dos personas. Diríase que es el trato personal sublimado.

Amistad es unión íntima en la vida psíquica de dos personas que mutuamente armonizan y se entienden por la analogía de su formación humanística, carácter y disposiciones anímicas fundamentales.

La amistad se funda en la confianza y la fe que surgen de la sinceridad, el desinterés y la fidelidad recíproca.

La comunicación es una necesidad psicosocial del hombre. Nos impulsa a buscar al amigo para descargar en él nuestros secretos, nuestras penas, nuestras angustias y perfeccionar nuestros conocimientos.

Con frecuencia se cae en una trampa. Las apariencias nos deslumbran y nos engañan. Creemos tener un amigo y nos encontramos con un objeto vacío y enmascarado de amistad. Existen amistades que perduran toda la vida.

Hay entre ellas un paralelismo y una armonía preestablecidos. Montaigne distingue la amistad del amor diciendo que “el amor es un deseo furioso de algo fugitivo. La amistad en cambio, se goza a medida que se disfruta como un don espiritual que es y el alma se afina practicándola”.

Al hablar de amistades corrientes dice que se debe andar con las riendas en la mano, con prudencia y precaución; el enlace no está anudado de manera que no haya que desconfiar.

A estas amistades se refería Aristóteles cundo decía: “¡Oh, amigos, no hay ningún amigo!!!”.


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