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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 30 / 4 / 2017. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: 1º de Mayo, Venezuela 2017.

 

Analizar el día del trabajador es un trabajo nada fácil, en la Venezuela de hoy, que ha marcado un hito en la historia de un país que aún produce ligeros esfuerzos por tratar de definirse en su rumbo y futuro.

La actual situación venezolana es el más reciente resultado de la grave crisis de desajuste y transformación que la nación viene padeciendo desde hace varios años.

Hoy el retrato de Venezuela lo producen los trabajadores de todos los niveles que tratan de definir la república, de refundarla y consolidarla.

En medio de ese inmenso trabajo de definición de país, estoy consciente del tremendo esfuerzo que debemos hacer por la dignidad del trabajador.

Debemos emprender una cruzada para alertarnos acerca de lo que pudiera suceder si no asumimos con responsabilidad el tema del trabajo, del trabajador, de la desocupación. Es revivir esa constante angustia de refundar la república de la única manera posible: en la producción material, intelectual y espiritual.

Lo que se oye que dicen los venezolanos más jóvenes, que no están intoxicados de pasión sectaria o de orgullo doctrinal, sobre el trabajo, se trasluce un conmovedor fondo de angustia existencial.

Una angustia de sentirse extraviados y de no ver el camino. Están como detenidos. No se atreven a proseguir la marcha y tienen algo del gesto vacilante y temeroso de los ciegos.

A eso lo llaman desorientación, algunos. Y otros, falta de maestros. No tienen, dicen, en quién creer, ni a quién oír. Parecen esperar una voz segura y clara que marque un rumbo  en la aparente oscuridad.

Pero de las voces que oyen desconfían. Han visto fracasar y romperse muchas cosas  en las que hubieran podido creer, en el trabajo del pensamiento, en el de la creación artística y en el de la acción. Han visto  que lo que parecía verdad ha resultado engaño, que lo que parecía fe ha resultado truco escénico. Han llegado a sentir que las palabras valen poco y que el trabajo honrado vale menos.

Y se sienten abocados al escepticismo. Como si la vida se les hubiera hecho baldía y no hubiera posibilidad de grandeza. Con la tecnología han visto todos los reinos del conocimiento.

Era en gran parte trabajo baldío, erudición de lujo que ni enseñaba a vivir ni servía para vivir. Que lejos de acercar a la vida, aislaba de la vida. Que lejos de tender comunicaciones, cortaba comunicaciones. Dejaba insatisfecha y torturante su ansia de servir.

Pero no es mala cosa llegar a esa angustia. Ante todo es señal de alma grande y pasión honrada. Y lejos de ser fin y disolución, pudiera ser la salvadora partida hacia el logro del verdadero servicio y del trabajo productivo.

La lección es muy clara: trabajar por algo, trabajar para algo, trabajar por la gran empresa llamada Venezuela. Los tiempos han cambiado.  

Ya no se puede pensar lo mismo. Se habla de Libertad y Justicia que genere el tan anhelado progreso y consolidación de la república. El trabajo apenas comienza.

Todo está cambiando. La primera cosa es no hablar más de desesperanza. Nada puede esperar Venezuela de quienes empiecen a desesperar de ella. De quienes comiencen por ponerle mala cara a su tiempo difícil.

El tiempo difícil es precisamente la estación de las virtudes. Son las dificultades las que piden esfuerzo. Mejor que decir que Venezuela está llena de dificultades, es mejor decir que Venezuela está llena de oportunidades para el trabajador verdadero.

Llena de posibilidades para que el trabajador verdadero  florezca y dé la medida de su alma. Llena de necesidades de creación. No puede haber trabajo baldío en tierra tan sedienta de obra humana. Hay trabajo para todos. Para el hombre de pensamiento, para el hombre de creación, para el hombre de acción.

Hay y habrá más trabajo que todos los hombres  disponibles. Para el médico, para el psicólogo, para el arquitecto, para el poeta, para el constructor de canales, para el constructor de puentes, para el herrero, para el político, para el maestro, para el agricultor, para el filósofo.

Antes que revolverse en la desesperanza, rumiando teorías y doctrinas, alimentando orgullos y rencores, el venezolano debería alzarse en la primera hora del alba para empezar un  día pleno con la oración más humilde  y más entusiasta: ¡Gracias, Señor, que me hiciste nacer en tierra tan necesitada de trabajo productivo!, (0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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