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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 25 / 3 / 2018. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Semana Santa y la Venezuela de hoy

 

La gente con frecuencia se asombra de que un hombre sencillo, en un tiempo y un lugar remotos, diera origen a una religión universal que ha atraído a millones de seguidores. Pero lo más asombroso es el sueño que albergaba con respecto a la humanidad.

Creo que Jesús era un hombre sofisticado que vivió con sencillez, desplazándose a pie de una población a otra, sanando y consolando, al tiempo que abrazaba una filosofía espiritual que aún no ha sido plenamente apreciada y comprendida.

Vivió en unos tiempos primitivos en comparación con los nuestros, pero su pensamiento era más avanzado que el nuestro. Sospecho que nuestra tendencia a sentimentalizarlo o convertirlo en un paladín moral constituye una defensa psíquica contra el imponente reto que nos plantea su intelecto.

En la medida en que nos limitamos a encerrar su personalidad piadosamente en el tabernáculo, no tenemos que sentir todo el impacto de su visión sobre la humanidad.

De todos aquellos que han comentado sobre él, quizás el más preceptivo, hasta ahora, fuera Oscar Wilde. Veía en Jesús a alguien capaz de trascender la división entre el bien y el mal, la luz y la sombra, evitando así la trampa del moralismo, la nefasta costumbre, en Venezuela, de emitir juicios simplistas sobre el bien y el mal.

Su deseo primordial no era reformar a las personas, escribió Wilde, ni tampoco aliviar el sufrimiento. Su propósito no consistía en convertir a un ladrón interesante en un hombre tedioso y honesto.

La gente me pregunta a menudo cuál es el objetivo de la psicoterapia. Yo respondo que no es la salud, o hacer lo correcto, ni siquiera obrar bien y evitar el mal. Consiste en vivir una vida interesante y provechosa, y ayudar a los demás a hacer lo propio.

Quizá fuera eso a lo que se refería Oscar Wilde. Jesús no era un tedioso moralista que ofrecía recompensas inalcanzables a quienes llevaran una vida virtuosa; era un hombre sofisticado que vivió una vida satisfactoria de amigos, amores, comunidad, y una filosofía original y fascinante.

En ciertos aspectos, esta imagen sea la de un Jesús inédito, una figura que entiendo que cualquier persona del siglo XXI puede adoptar como referente de una vida espiritual inteligente y vibrante, una vida que no se defiende de los elementos oscuros.

Existen dos formas de sentirse psicoespiritualmente seguro: una es adherirse a una doctrina, un liderazgo y unas normas morales fijas y sencillas. Otra es mostrarnos receptivos a la vida, profundizar en nuestra percepción y renunciar a toda actividad defensiva con respecto a nuestras convicciones. Jesús representa este segundo enfoque.

El primero tan sólo nos ofrece la ilusión de la certeza, una ilusión que se mantiene a través de una angustiosa inflexibilidad: nosotros contra ellos. Lo que nos propone Jesús es vivir a partir de una fuente más profunda, con unos valores que no pueden ser codificados en una lista de reglas.

El elemento central en sus valores es el amor, entendido como un respeto profundo hacia el prójimo.

Parto de la base de que los venezolanos no tenemos que vivir con una angustiosa paranoia, una violencia demoníaca y un narcisismo autodestructivo, tres tipos de neurosis personales y culturales que amenazan nuestra existencia.

La situación del venezolano actual es difícil. Desligado de su pasado, inconforme con su presente e ignorante de su destino.

Pero tenemos el ejemplo de Cristo: Dios hecho hombre que con su muerte y resurrección nos ha salvado enseñándonos una nueva manera de vivir. Cristo: modelo de comportamiento y acciones para el venezolano actual.

El venezolano sufriente, angustiado es una ilustración excelente de la consciencia de nuestro tiempo y particularmente del presente, que se encuentra retenido entre un pasado inmediato, marcado por una percepción ya desvanecida, y un devenir inmediato, que no puede ser un movimiento o una acción posible.

Cristo crucificado es el más sublime de todos los símbolos, incluso ahora. Con Cristo el amor viene y se va. Y vuelve a venir en un eterno retorno. Nos enseña que los venezolanos somos humanos y nadie tiene la verdad en sus manos.

Cristo, negándola muchas veces, alcanzó a tocar una verdad de vida como elección existencial: soñar aunque sean tiempos de insomnio, vivir en paz, reír y amar cada vez que podamos.  (0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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