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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 4 / 3 / 2018. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Hambre En Venezuela

 

Tema interesante para la Psicoética. Un fantasma recorre a Venezuela.

El fantasma del hambre se alza sobrecogedor sobre el país. Una población hambrienta tiende las manos descarnadas y amenazadoras.

No hay alimentos para todos. Gran cantidad de personas están amenazadas de perecer de consunción.

Esta visión dantesca empieza a revelar lo más pavoroso de su carácter. El hambre en Venezuela no ha sido causada por desastres naturales, y debe considerarse como un fenómeno permanente; se agrava desde hace 20 años, y con la tendencia de la población a aumentar y la poca producción de alimentos (¿estrategia política de sumisión?), lleva todas las posibilidades de agravarse en el futuro inmediato.

Venezuela no tiene alimentos para nutrir de un modo suficiente a todos sus habitantes de hoy. Estos son los hechos patentes que han surgido de la más amplia consideración del problema, hecha por los hombres más capaces y por los más autorizados institutos de investigación nacional y por organismos internacionales.

Nunca los lúgubres augurios de Malthus han resonado con  más fatídico eco de verdad en nuestro país.

Datos que importan mucho para el destino de la población y para la apremiante concepción de cualquier política social humanística y económica. Tal parece que tenemos el más bajo nivel de consumo de alimentos a nivel mundial.

Pero si de acuerdo con los mejores ideales de progreso, de justicia y de humanidad, lo que quisiéramos es elevar a la población a mayores niveles, entonces la brutal realidad se muestra en toda su espantosa magnitud.

Ante este pavoroso desequilibrio, lo primero que se nos ocurre es que hay que aumentar la producción de alimentos inmediatamente. Pues bien, es precisamente aquí donde el aspecto más negativo aparece.

Las posibilidades de incrementar la producción de alimentos son muy limitadas, al parecer de los estudiosos del tema. Y la posibilidad de que ese aumento guarde proporción con el incremento de la población es absolutamente negada.

Es un hecho evidente para los más lerdos que no toda la superficie terrestre del país es apta para la producción de alimentos. Y las que son adecuadas, no sólo no están aumentando, sino disminuyen constantemente por la obra del mismo cultivo irracional y de la erosión.

La lección más evidente que se desprende de estos hechos es que cualquier gobierno de turno que considere el problema del incremento de la población independientemente del incremento de la producción de alimento, está incurriendo en un trágico error.

Es necesario relacionarlo con la situación general del país y especialmente con la cuestión básica de su capacidad productiva. ¿Tal vez sería exagerado decir que Venezuela hoy no produce alimentos ni para 2 millones de habitantes?

Esta peligrosa realidad no puede tener sino soluciones propias y locales. Poco socorro en materia de alimentos puede dar indefinidamente un mundo que en gran escala está padeciendo del mismo mal. Es este un problema tan grave y tan complejo que debe ser encarado con toda seriedad y eficacia, no sólo por Gobierno y Oposición, sino  por toda la opinión pública.

Desgraciadamente, como ya he dicho, parecen seguir prevaleciendo, en los dirigentes, conceptos arcaicos en esta delicada materia.

Hay que reaccionar contra todo eso. Hacer un planteamiento moderno y sincero del problema. Integrarlo debidamente dentro del problema central, que es el del combate de nuestra precaria vida económica contra el “Minotauro” de la corrupción y la crisis nacional.

Toda otra forma de plantearlo es incorrecta y extremadamente peligrosa por el apocalíptico aumento de los parásitos de la corrupción.

Un paso más en el camino, ya muy andado, de transformar la vida venezolana en artificial y parasitaria. Nuestros políticos han sido “fabricantes de desiertos”. El que destruye su medio vital se condena a muerte: El suicida saqueo de nuestros recursos naturales.

Hemos creado una economía autófaga. Nuestro nivel de vida es de subsistencia; de “rancho y conuco”.

Algunos pueden creer refutarme con sofismas políticos y demagogia. Es un mal camino que no conduciría a salir del error sino a preservar en él.

Hay un camino correcto y un camino incorrecto. En nuestro “pobre país rico” persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimento: el hambre causa todavía muchas víctimas entre tantos Lázaros a los que no se les consiente sentarse a la mesa del rico epulón.

“Dad de comer a los hambrientos” es un imperativo ético, sobre la solidaridad, la compasión y el respeto a la vida. En esto hay que ser radical: cortar el problema por la raíz. Nada más.


(0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com.
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