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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 4 / 2 / 2018. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Grave crisis venezolana

 

La actual situación venezolana es el más reciente resultado de la grave crisis de desajuste y transformación en lo económico, en lo social, en lo político, en lo cultural y en lo espiritual, que la nación viene padeciendo desde hace varios años.

El que sus perspectivas sean buenas o malas depende en gran parte de la actitud que los venezolanos sepamos asumir ante ella y ante el proceso que la determina.

El cambio de Gobierno no basta para resolver los graves problemas existentes y ni siquiera los que él mismo creó por acción o por omisión, pero indudablemente, entre otras muchas buenas y malas, abre la oportunidad para una rectificación a fondo de los errores pasados y para un ensayo sincero y acaso definitivo de organización de la vida nacional en instituciones democráticas estables.

Sería fácil, y es uno de los peligros de la presente situación, ponerse a atizar los odios y divisiones que el Gobierno sembró con tan fatales resultados.

Detenernos en la anécdota lamentable de lo que pasó ayer y de lo que pasó antier, sin sacar lección que nos mejore el rumbo.

La verdad es que esta grave crisis, cualesquiera que sean las culpas individuales con que determinados hombres lo agravaron, no surgió con el actual proceso “revolucionario”, y ni siquiera antes.

Ambos momentos psicohistóricos son tan sólo dos manifestaciones exteriores y violentas de esa crisis interna de pueblo que había comenzado antes y que continúa planteada.

Entre las faltas más graves de los dirigentes políticos en el poder está precisamente esa, de no sólo no haber hecho nada para remediar esa amenazante realidad, sino de haberla agravado hasta el extremo de lo intolerable por medio de una gestión política y administrativa insensata.

La fuente de esa subversión, de esa inquietud, de ese desajuste amenazador y destructor está en la corrupción, en la avalancha de riqueza incontrolada y sin destino útil que ha venido desarticulando y torciendo las bases y el rumbo de la vida nacional.

Para destacar la monstruosa presencia perturbadora y subversiva de la corrupción la podemos comparar al Minotauro del mito griego. Ya estaba allí antes del 1998.

Esta fecha lo que hizo fue darle completa libertad de acción destructora. Y el Minotauro sigue estando allí, actualmente.

Este es el problema fundamental que hay que resolver. Pero no podrá ser resuelto y ni siquiera planteado en términos exactos mientras no cese la movilización agresiva de los espíritus.

Mientras no nos despojemos de los odios y de las naturales ansias de retaliación no habrá ambiente para tratar de estas cosas, ni para hallarles la solución verdadera.

La primera lección que los graves sucesos de estos últimos años deben haber enseñado a los venezolanos es que ni el odio ni la violencia son capaces de construir nada duradero, y que el único camino de la salvación nacional es el áspero y difícil de una efectiva concordia, el de una verdadera y cabal rectificación de los errores pasados.

Si los venezolanos fuéramos capaces de ese entendimiento, de volver a levantar con manos sin fatiga y con ojos sin rencor el edificio de unas instituciones liberales donde pudieran caber todos sin exclusiones y sin privilegios, podríamos entonces estar seguros de que íbamos en camino de ganarle la batalla de vida o muerte al Minotauro de la corrupción. Habríamos empezado verdaderamente a convertir al Minotauro en buey de labranza, que es lo que necesitamos.

Esta es la situación que debe causarnos alarma, y esa ni es de este momento, ni se puede remediar con declaraciones trasnochadas del gobierno ni con noticias del exterior. Esa hay que remediarla trabajando todo con tino y con espíritu de sacrificio para crear esa economía propia e independiente que hasta ahora no hemos sabido crear.

Ojalá esta alarma transitoria sirviera para abrir los ojos y el corazón de muchos ante ese tremendo peligro permanente. Hay muchos que conocen ese peligro y que conocen el modo de salvarnos de él por medio del esfuerzo inteligente y coordinado de todos los venezolanos.

Sería un gran bien que este susto transitorio se transformara en saludable temor permanente, y que de ese temor sacáramos voluntad y espíritu de sacrificio para unirnos en la empresa de salvación de Venezuela.

Si ello, o algo similar, fuera posible, no habría motivos para mirar con pesimismo las perspectivas del actual momento venezolano. Este artículo, válido, abre y mantiene una reflexión angustiosa y no cerrada. Su protagonista es Venezuela. (0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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