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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 28 / 1 / 2018. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: El Alba de la Democracia

 

El alba del 23 de enero de 1958 quedará en la historia de Venezuela como la realización de un prodigio.

Una férrea dictadura corruptora que disponía de los más poderosos armamentos, de los más ilimitados recursos financieros y del más desfachatado descaro para mentir y cometer crímenes de lesa humanidad, se derrumbó en horas, como una torre de arena, ante el empuje decidido de una nación dispuesta a sacrificarlo todo para erradicar de su vida aquella afrenta.

La dictadura había resistido dos importantes tentativas militares.  Y de pronto, sin que nadie supiera ni cómo ni cuándo, comenzaron a aparecer papeles mimeografiados  en las que centenares de venezolanos distinguidos ponían su firma para pedir libertad.

Ley y gobierno constitucional.  Allí estaban los nombres de profesionales reputados, de jefes de grandes empresas, de escritores, de profesores, de potentados de las finanzas y de jóvenes maestros de escuela.

La dictadura parecía no  poder creerlo. ¿Qué había pasado? No era que se hubiera perdido el miedo a los pavorosos castigos de la tiranía, a las torturas, a las cárceles y las persecuciones, era que, para decirlo con un venezolanismo, el país se había resteado y estaba dispuesto a afrontar todos los riesgos para poner fin a aquella farsa sangrienta.

No hay precedentes en la historia del país de un movimiento semejante. Hemos conocido revoluciones y asonadas dirigidas por determinados grupos, que han logrado éxito gracias a la trama de una conspiración o a la sorpresa de un golpe afortunado.

El 18 de octubre de 1945 fue el movimiento de un partido y de un sector del ejército, al que luego se sumaron otros.

El 24 de noviembre de 1948 fue un golpe militar seco. Pero el 23 de enero ha sido una cosa eternamente singular y diferente. Ha sido la sociedad venezolana en todas sus clases, en todos sus sectores de pensamiento, en todas sus ideologías políticas, desde el Arzobispo hasta el limpiabotas, desde el conservador hasta el hombre de izquierda,  desde “el pobre en su choza” hasta  el “señor”, la que se alzó contra un solo hombre ofreciendo a la metralla el pecho desnudo y el poder moral de su derecho, logrando que se paralizaran con un cierre general todas las actividades, hasta que el tirano, solo, bajo el ultimátum de las fuerzas armadas , huyó en obscuridad de la noche.

No fue éste el movimiento de un partido, ni el de un grupo, ni el de una clase, no tuvo ni siquiera un comando central reconocido. Fue más bien como un fenómeno de combustión espontánea, como la reacción de un organismo sano contra un veneno para expelerlo, lo que creó esa maravillosa, inesperada y súbita unidad. Ya desaparecido el tirano, comenzó  una difícil y dura tarea, como es la de organizar el país para una vida permanente de libertad, democracia y orden. No fue fácil.

Hubo que hacer grandes sacrificios y esfuerzos para alcanzarla. Hubo que refrenar ambiciones, que limar diferencias, que aceptar lo posible y lo transaccional para que pudiera levantarse, firme y duradero, el edificio de una democracia estable en la que vivieran holgadamente todos los venezolanos y todos los extranjeros que han venido a nuestro suelo.

No es esa la tarea de un momento de fugaz alegría y momentánea generosidad, sino de un largo tiempo de sostenido tesón en el que todos, como en la hora magnifica del 23 de enero, pongamos sin regateos nuestra voluntad de servir, de vigilar, de acatar.

No es esta solamente una obligación de los llamados a desempeñar funciones públicas, que nunca pasarán de ser una minoría, sino de todos: del obrero, que al cumplir cabalmente su labor hace patria con sus manos hacedoras, y del estudiante que debe levantar con su dedicación el nivel moral y cultural de la universidad, y el del profesional que sirve a las necesidades colectivas; y el del intelectual que puede iluminar el camino hacia el bien y la justicia , y el del hombre de negocios que puede unir en su trabajo la creación de riqueza útil con el ejemplo de la honestidad.

Una situación como la que acababa de nacer, salida de un estado de cosas como el que hemos padecido, tiene numerosos y temibles enemigos dispuestos a sabotearla y destruirla. Están contra ella los logreros del chanchullo y del peculado, los partidarios de un orden de amos y esclavos de los defensores de la tesis abyecta de que Venezuela no puede ser gobernada sino por el látigo de un déspota,  fomentar el caos y provocar de nuevo la dictadura que añora.

Para esa labor de construcción, y contra esos enemigos, no hay sino una sola defensa: La de la magnífica unidad que hizo posible el prodigio del 23 de enero.

La unidad hay que mantenerla y conservarla a toda costa, evitando todo lo que pueda dividirla y afirmando por largo tiempo la plataforma esencial de una vida democrática.  De este modo el 23 de enero será un símbolo que fue en la realidad, el alba prodigiosa del arduo día de la democracia venezolana.


(0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com.
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