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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 21 / 3 / 2018. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Combatir el poder autoritario

 

Este 15 de marzo se cumplió un año más del asesinato de Julio César en el foro romano, un hecho que causó un giro repentino en la historia de Roma y cuya influencia en la cultura occidental la seguimos sintiendo hasta nuestros días.

Como prueba de ello, se conserva el Julio César de William Shakespeare, una tragedia en la que se muestran las razones de los asesinos, así como las consecuencias terribles que tuvo la muerte del dictador para Roma.

La obra presenta una historia bien conocida, que comienza en la víspera de los idus de marzo, días considerados de buen augurio, cuando un adivino lanza la siguiente advertencia a Julio César: “Cuídate de los Idus de Marzo”.

Continúa con el asesinato del dictador por parte de los conspiradores liderados por Casio y Bruto, y se extiende hasta la guerra librada entre estos y los partidarios de César: Marco Antonio y Octavio, con la consecuente victoria de los segundos.

El valor de la tragedia no radica tanto en la historia que cuenta, sino en los valores que muestra a través de ella: por un lado, la importancia del asesinato del dictador, es decir, la necesidad de atacar al poder mal empleado, y por otro, la debilidad del pueblo para buscar su propio beneficio, al prestar más atención a la elocuencia y a las pasiones que a la razón.

Desde el inicio y hasta después del asesinato de César, se explica en varias ocasiones la necesidad de acabar con el dictador: Bruto comenta que, al permitirle tomar la autoridad, la gente de Roma renuncia a su libertad, y se expone a ser explotada y aplastada por el poder ostentado por una sola persona.

Asimismo, explica que es sólo la ambición por el poder lo que mueve a César, y no el interés del pueblo. Se destaca también que no se trata tanto de matar, de asesinar a un individuo, sino de acabar con una figura: la del dictador, la del individuo supremo, y que si pudiera hacerse esto sin sangre, sería aún más útil y honorable. Inmediatamente después del asesinato, Bruto explica las razones de sus actos en una asamblea pública, y el pueblo aplaude y le agradece a él y a sus compañeros que hubieran acabado con la amenaza que el dictador representaba para ellos y para Roma entera. No obstante, pronto aparece Marco Antonio, amigo de César, quien con dulces palabras convence al pueblo de lo contrario, y lo lleva a arremeter contra sus libertadores.

Marco Antonio, en vez de hablar de la sociedad, en el papel político de César o en el bienestar de Roma, se dedica a hacer un elogio del dictador muerto, y convence a la gente de su bondad y su generosidad. Las palabras de Antonio, apasionadas y patéticas, encienden en el corazón de los ciudadanos y les hacen olvidar bien pronto los motivos racionales y honestos de Bruto y sus compañeros.

El enardecimiento de los ciudadanos propicia el estallidos de la guerra en Roma, de la cual salen derrotados los asesinos de César, lo que provoca que el poder caiga en Lépido, Marco Antonio y Octavio, quien luego se convertirá en el primer emperador de Roma. Aunque ambientada en el año 44 a.C., la tragedia de Julio César permanece vigente hasta nuestros días, y tal vez más ahora que nunca, y nos invita a reflexionar sobre las formas en las que se debe combatir el poder: no tanto a la persona que lo ostenta, sino a la institución, a las ideas, a los valores que lo sostienen, que lo corrompen y lo alejan de su propósito: el bien común.

Pero al mismo tiempo, nos llama a ser cautos, a no buscar la violencia por la violencia, y sobre todo a no dejarnos llevar por las pasiones y las palabras engañosas, sino a seguir la razón siempre, pues sólo de esta manera, con la razón, se puede hacer que el poder sirva a la sociedad en vez de someterla.

Es aquí donde hay que arrancar del pasado las lecciones que necesitamos para nuestro país, para afrontar los complejos desafíos que se nos presentan en el trance de tener que tomar decisiones en el ámbito de nuestra política nacional.

Ante las crisis que nos están llegando en grandes oleadas, ojalá nuestros políticos (Gobierno y oposición) comprendan que si los hombres fuesen ángeles, no sería necesario ningún gobierno. Así como es función del escritor inspirar, también puede serlo molestar, decir aquello que su público potencial preferiría no oír.

Así, mi “pesimismo” y mi “escepticismo” pueden estar relacionados. Porque las dificultades de nuestros políticos no emanan de las pocas cosas que van bien en las relaciones gobernantes-gobernados, y que los “humanistas” celebrarían debidamente, sino de las cuestiones más oscuras de nuestra hora.

Pretender que existe armonía en nuestro país sería no hacer caso del curso de los acontecimientos y desafiar la experiencia acumulada a lo largo de estos años. (0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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